Las reconversión del sistema financiero español está siendo de una dureza inusitada. Si creíamos que ya había concluido, las últimas noticias han un nuevo estado de alarma generalizado.

Por un lado las difíciles negociaciones de los convenios sectoriales, sobre todo de Banca y Ahorro. Por otro los nuevos EREs anunciados (Santander, Ceis, ambos con extinciones laborales y cierres de centros de trabajo), y los que previsiblemente están a la espera. Y finalmente el anuncio de BBVA, matizado posteriormente, de planes de cierre masivo de oficinas. Todo con unas consecuencias inmediatas de destrucción de empleo, recorte de derechos laborales, y, sobre todo una concentración bancaria, próxima al oligopolio, que mermará tanto la competencia como la calidad del servicio del sistema financiero.

¿De verdad hay un exceso de capacidad instalada?

A comienzos del estallido de la burbuja inmobiliaria, el Banco de España alertó de lo que denominaba con bonitas palabras “exceso de capacidad instalada”, aludiendo a la excesiva bancarización de la sociedad española, y al “sobrante de centro de trabajo y empleos”. Es cierto que en plena expansión de principios del milenio, se abrían bares, sucursales bancarias y oficinas inmobiliarias por doquier. Los estudios aportados por el propio Banco de España insistían en la excesiva atomización del sector: muchas oficinas y con pocos empleados.

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En esta reconversión, no sólo se han cerrado las oficinas creadas al amparo del boom, sino que estamos un 16% por debajo de las que había en 1997.

Contrariamente, tanto en Francia como en Italia, donde también el modelo es extensivo, respecto de 1997, el número de oficinas bancarias ha subido un 45% y un 21%.

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Los datos más reveladores son los que muestran el número de habitantes por oficina, dejando clara la correlación entre el modelo bancario y las variables geográficas de cada país (densidad de población y dispersión o concentración de municipios sobre todo).

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Desde 1997, cada oficina española atiende de media, a un 40% más de población. Quizás las nuevas tecnologías ayuden a modificar este ratio, pero pretender abordar todo el mercado nacional con sólo mil oficinas, parece, como poco, aventurado. Y salvo los casos de Gran Bretaña y Holanda, los demás no están muy alejados.

Menos oficinas, menos empleo

Similar comportamiento encontramos en el número de trabajadores totales entre el número de oficinas:

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Por un lado los casos de Holanda y Gran Bretaña, y por otro el resto, con un aumento en Alemania, una disminución de empleados por oficina tanto en Francia como en Italia, y, curiosamente, un cifra estable en España: en torno a seis. La conclusión es fácil: salvo un cambio íntegro del modelo, el cierre de sucursales en nuestro país implica amortización de puestos de trabajo.

Menos empleo, menos servicio a la sociedad

La dureza de la reconversión en España, en términos de destrucción de empleo, queda reflejada en el siguiente gráfico:

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En 2014, había en España un 18% menos de puestos de trabajo que en 1997. La caída respecto de 2008 (máximo histórico), es de un 38% menos de trabajadores. Todo esto sin contar lo sucedido en 2015, y lo que está por venir.

Paralelamente, el servicio a los ciudadanos tampoco es el mismo:

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De lejos es España donde es mayor el número de ciudadanos por cada empleado del sector, sensiblemente superior a otras potencias económicas. Este ratio no mide la calidad del servicio, pero sí el aumento de cargas de trabajo. Si entendemos que los niveles de automatización en el sector son parecidos, las cargas de trabajo que soporta un trabajador del sector en nuestro país son superiores a la de los países vecinos.

Una reconversión con consecuencias negativas

Es evidente que saber cómo va a quedar el sistema financiero español, y con qué actores, es difícil. Pero sí estamos sufriendo sus consecuencias devastadoras:

1. Destrucción masiva de empleo
2. Pérdida de derechos y condiciones laborales
3. Cierre de oficinas.
4. Exclusión financiera de más municipios y más capas sociales
5. Gran concentración bancaria, hacia un auténtico oligopolio
6. Cambio del modelo de negocio bancario hacia puntos de venta, en vez de agencias de servicio auténticamente financieros.
7. Gran desconfianza de nuestra clientela

Podemos aceptar que puntualmente hubo un “exceso de capacidad instalada“, pero de lo que no tenemos duda alguna, es que ha habido un exceso de incapacidad directiva. Ni los trabajadores, ni los clientes somo responsables de este desafuero. (fuente de los datos aportados: Banco Central Europeo)